Existe una serie de emociones o etapas de adaptación en los padres de bebés prematuros, que no comprenden, pero que deben afrontar.
El nacimiento de un bebé prematuro “trunca” los sueños de los papás de tener una paternidad “normal”. Diversos sentimientos surgen en sus vidas y es importante que comprendan que son normales y busquen ayuda para afrontarlos. Las emociones más frecuentes tras el parto prematuro son:
- Estupor y negación. Existe al principio una especie de “shock” o incredulidad que muchas veces se trasmite en rechazo hacia la criatura y la realidad. Sin embargo es necesario superar esta etapa para dar soporte a la madre y sobre todo al bebé.
- Culpabilidad. Muchos padres se preguntan si son culpables por lo que le pasa al bebé, sobre todo las madres. Esta duda consume las energías de la mamá que podría emplear en cuidar de su bebé. Es importante que los padres se informen con su médico sobre el por qué del nacimiento previo del niño para despejar sus dudas y aliviar esa carga.
- Ira. Es un sentimiento común pero manejable. La ira puede ser dirigida hacia uno mismo o hacia otras personas. La causa más común para la ira es el dolor, el sufrimiento y la frustración. Desahogar la ira llorando o conversando con familiares, amigos, médicos, etc., puede ayudar.
- Temor y ansiedad. El nacimiento traumático del niño puede generar en los padres una excesiva preocupación por su porvenir y su salud. Muchas veces, aún cuando ya salen del hospital con el niño en brazos, pueden sentir ansiedad por las visitas al médico. El informarse mejor sobre la condición de su niño puede tranquilizarlos.
